sábado, 2 de mayo de 2009

Una librería “de película”

Dedicada a Miriam Chepsy, la madrina de mis crónicas, porque esa librería es “nuestro” lugar en el mundo, a Ángela, que ama los libros tanto como su tía nueva y a Jorge, mi esposo, que me sugiriera el título…

¿Qué queremos decir cuando decimos que un hecho, un objeto, una situación son “de película”? Pues que los vemos especialmente originales, superlativamente únicos, que tienen un carácter extraordinario. ¿Cierto? En síntesis, que van más allá de la realidad y pertenecen al mundo de la fantasía, de la ficción, de la concreción de imposibles, en algunos casos.

Hoy voy a hablarles de una librería en la que se da una dualidad muy particular porque es “de película” por superlativamente única, por especialmente original, por su carácter extraordinario, pero, además, es li-te-ral-men-te “de película” porque supo albergar el Cine –Teatro Gran Splendid, un cine-teatro de enorme jerarquía en Buenos Aires.

Mercedes, mi hija, y yo no cabíamos en nosotras del orgullo que sentíamos cuando invitamos a nuestras visitantes mallorquinas a conocer la librería El Ateneo, en el corazón de la Avenida Santa Fe. Para no resultar demasiado vanidosas omitimos alardear con el hecho de que fue considerada por el periódico británico The Guardian como la segunda librería más bella del mundo, luego de la Boekhandel Selexyz Dominicanen en Maastricht, emplazada en una iglesia perteneciente a los Dominicos, allá por el sudeste de los Países Bajos. ¡La segunda librería más bella del mundo! Pienso… Esta misma, nuestra bella y queridísima ciudad, amante de los libros hasta tener un tramo de la calle Corrientes dedicada a ellos y una gigantesca Feria del Libro de prestigio y nivel absolutamente internacionales, pero en la que me apena que mis visitantes se tengan que doler con los niños de la calle sin la adecuada contención social, o se asombren ante el desorden del tránsito, tiene el privilegio de un lugar de ensueño como éste.
¿A quién debemos el mérito? Yo daría, sin dudas, un hurra primigenio a Mordechai David Glücksmann (Max Glucksmann), nacido en Austria en 1875 y emigrado a la edad de quince años a Argentina. Este hombre extraordinario comenzó su actividad comercial como empleado de la casa de fotografía Lepage, en Bolívar al 300 y finalizó sus días en Buenos Aires, en el año 1946, siendo dueño de setenta cines, amén de haber sido pionero del cine argentino en épocas del cine mudo y realizador de los noticiarios que denominó Actualidades. Sí a este señor tan especial, que fue además el propietario de la firma discográfica EMI, en la que inmortalizaran su música Carlitos Gardel, José Razzano, Roberto Firpo y Francisco Canaro entre tantos autores e intépretes de la música criolla.
Repito, amigos, y sin cansarme, que a Max Glucksmann y a su genio indubitable debe la Reina del Plata el edificio del Cine- Teatro que hoy nos ocupa.
Perteneciente al Academicismo en lo que hace a su línea estilística fue construido sobre el terreno de una vieja fábrica de carruajes, luego ocupada por el teatro Nacional Norte; se inauguró en 1919. Sobre proyecto de los Arquitectos Peró y Armengol, y con una valiosa cúpula decorada por el maestro italiano Otalani, inició sus actividades como sala teatral, con el ostentoso y extranjerizante nombre de Splendid Theatre.
El Cine - teatro vivió toda clase de éxitos. Desde los festivales de tango de comienzos del siglo XX hasta los mejores estrenos cinematográficos de los años cincuenta y sesenta.
Claro que todo pasa, y en este caso, quizás por designios celestiales de quien lo pergeñara, las viejas paredes han cobrado nueva vida al ser acondicionadas por la tradicional firma El Ateneo, como una enormísima librería, llenándose de estanterías pletóricas de libros y llenando a su vez nuestros porteños corazones de legítima inmodestia.
¡Qué mejor homenaje para un pionero de la cultura como Gluckssmann que haber convertido su teatro en una librería! ¡Qué orgulloso debe estar don Max contemplando “su” creación colmada de lectores y turistas!
¡Pasen y vean, distinguidos lectores, los palcos asomando sus dorados, el carmesí de tapizados y cortinas, el delicioso aroma de papel en miles y miles de estanterías perfectamente ordenadas y alineadas en los distintos niveles de la sala! ¡Vengan, por fin a beber un delicioso café entre las bambalinas del escenario convertido en original confitería! ¡Contemplen, extasiados, la cúpula que corona la sala con una representación alegórica de la paz, pintada como un festejo por el fin de la Primera Guerra Mundial! Y dígannos si no es lógica nuestra vanagloria como habitantes de Buenos Aires…
Una librería realmente “de película”. Dos veces de película, como ya les dije al comenzar mi crónica.
¡Vengan a Buenos Aires, señoras y señores, que siempre habrá en esta ciudad, a pesar de muchas cosas que debemos mejorar, sitios dignos de recibir una calificación como la que hemos elegido para El Ateneo Gran Splendid y su original forma de acercarnos a la belleza de las creaciones humanas!
Cati Cobas

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