martes, 5 de mayo de 2009

LA MOMIA

Pese a que nunca he sido un cinéfilo consumado, me gusta ir a las salas de exhibición cuando considero que, apoyado en las críticas de especialistas en la materia, vale la pena ver las escenas que recomiendan.
Sin embargo existe un filme que me dejó marcado por el resto de mi vida: "La Momia".

Era apenas un chiquillo cuando mis padres me llevaban a un modesto cine de barrio a ver viejas películas en blanco y negro, copias que por exhibirse a lo largo y ancho del país, ya acusaban manchones de color sepia., se quemaban con terca insistencia y, sobre todo, estaban tan rayadas que superaban cualquier viejo cuaderno de caligrafía de doble renglón para aprender a modular la escritura.

La sala de referencia era un espacio maloliente, con pisos y butacas de madera que rechinaban al igual que las coyunturas de mi abuelo Fernando. La pantalla cuadrada lucía parda y mostraba grotescas costuras de hilo negro para sanar los desgarres e impedir que continuara deshaciéndose. Las funciones se realizabanpor la tarde y noche, con vendedores ambulantes que recorrían incansables los tres pasillos del cine, quienes sin punto de reposo, repetían hasta la saciedad su cantinela de "dulces chicles, y chocolates; muéganos, refrescos, merengues y paletas heladas".

En uno de tantos días, sin previo aviso, mi padre me llevó a este cine para elestreno de "La Momia". En mi caso, no me decía mucho el título y menos aún el guión de una historia de "miedo". Se trataba de las aventuras de una bella joven en busca de tesoros escondidos. En una de sus tantas excavaciones descubrió una tumba y en un interior un antiguo sarcófago. Auxiliada por su esquipo de trabajo, lo trasladan a la carpa de investigación.

Hasta aquí todo iba bien, pero empecé a encogerme en mi asiento al escuchar música fúnebre, al tiempo que la "muchacha de la película", inmersa en el estudio de unos papiros, no se percataba de que lentamente, a sus espaldas,empezaba a abrirse el dichoso sepulcro.

Cuando por la hendidura apareció una mano huesuda con restos de vendas sucias y desmadejadas, se escuchó el primer grito ahogado de las mujeres y cuando por fin se abre de par en par el nicho y aparece el cuerpo entero de la momia, todo mundo se sobresaltó, en tanto que yo estaba hecho un nudo con mis pies y brazos.

Más, la cámara hace un acercamiento al rostro de la momia con ruinosas vendas, descubriendo unos ojos vidriosos de mirada mortal que demandaba venganza, y con parpados y cejas pintados de un negro intenso. Acto seguido, hizo un gestomaligno y abrió su boca dejando al descubierto un negro pozo sin fondo.

A continuación, muy lento, cuando empezaba a salir de su "aposento, la griteríaen el salón, se tornó ensordecedora para salvar a la heroína:: "¡Atrás, atrás!","Voltea, voltea a tu espalda!" "¡Auxilio, pide auxilio!" ¡Agarra la pistola, lapistola!". Vano intento por disipar la amenaza que se cernía sobre ella.

Sin embargo, la escena cambió para proyectar sólo la sombra de la momia dibujándose en la pared y caminando lentamente, al tiempo que se escuchaba elescalofriante arrastrar de unas cadenas que llevaba atadas a los tobillos,mientras que el "monstruo" empezaba a levantar sus brazos con la intención de estrangular a su víctima.

A estas alturas, yo estaba debajo de la butaca, con los ojos cerrados ytapándome los oídos. Las exclamaciones de espanto proseguían y de pronto escuchédos detonaciones de una pistola. De inmediato la audiencia aplaudió a rabiar. El muchacho bueno de la película había llegado a tiempo y con certera punteríaderribó al engendro del mal, devolviéndolo a su domicilio original.

Sin embargo, no pude evitar que por vez primera conociera el amargo sabor del pánico. Hoy me río de aquella espeluznante experiencia, empero, el diabólico rostro de la momia lo llevo grabado en la memoria.

Por José Dávila Arellano

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